¡Amigos de Risas y Virales! ¿Se acuerdan de cuando Internet era un lugar salvaje y libre? Sí, ese paraíso de los inicios de los 2000, cuando Genbeta (¡saludos a los veteranos!) asomaba la cabeza al mundo. Han pasado 20 añazos, ¡casi nada! Y si por aquel entonces ya estabas dándole al módem de 56K (y escuchando el ruidito infernal), te habrás dado cuenta de que la 'autopista de la información' ha cambiado más que tu estado de ánimo un lunes por la mañana. ¿Para bien? ¿Para mal? ¡Sigue leyendo y descúbrelo!
De la Ruta 66 a la Cinta Sin Fin: Cuando el Algoritmo Tomó el Volante
¿Recuerdan esa época gloriosa donde tú decidías qué leer? Llegabas a una web, veías enlaces y pensabas: "Hoy me apetece investigar sobre... ¿el misterio del calcetín desaparecido en la lavadora?". El control era tuyo, el mundo era tu ostra digital. Los blogs enlazaban a otros blogs, y los buscadores eran como bibliotecarios súper eficientes que te daban justo lo que pedías.
Pero de repente, ¡zas! Llegó el feed. Y con él, una legión de algoritmos que decidieron que tú, simple mortal, no eras lo suficientemente listo para elegir. Ahora, en lugar de explorar, deslizamos el dedo hipnotizados mientras TikTok, Instagram, Facebook (y hasta Netflix o Spotify) nos dictan qué ver, qué escuchar y, probablemente, qué cenar. Es como tener un mayordomo digital que te conoce tan bien que te acaba presentando contenido que ni sabías que querías... ¡o que te hace querer cosas que ni siquiera necesitas!

La "Enmierdización" Digital: O cómo las plataformas se echan a perder (¡a propósito!)
Sí, leíste bien: "Enmierdización". No es el término más elegante, pero es terriblemente preciso. Acuñado por Cory Doctorow, describe ese ciclo infernal donde tus apps y servicios favoritos empiezan siendo una maravilla, luego te cobran por cosas que antes eran gratis, y al final se vuelven un auténtico desastre... ¡pero no te vas porque ya eres adicto! Piensa en el Facebook de los 2000 vs. el de hoy (¿dónde están mis amigos? ¡Solo veo anuncios de cosas que no quiero!).
Al principio, eran el paraíso: pocos anuncios, todo funcionaba de maravilla. Luego, ¡oh sorpresa!, descubrieron que podían exprimir a los que pagaban. Y finalmente, decidieron exprimirnos a todos, usuarios y anunciantes, hasta que la experiencia es peor que un lunes festivo cancelado. ¿Instagram mostrando más reels random que fotos de tus amigos? ¿Twitter (perdón, X) rompiendo cosas básicas para que te suscribas? No es casualidad, es la "enshittification" en acción. Y nosotros, pobres almas, seguimos ahí por el catálogo, los contactos... ¡o la pura inercia!

¿Google me has visto? La búsqueda inútil y los "bodrios de IA"
Hubo un tiempo en que 'googlear' era sinónimo de 'encontrar respuestas'. ¡Qué ingenuos éramos! Hoy, buscar algo es como bucear en un mar de clickbait y textos inflados escritos por robots que no saben lo que es el amor (o la información útil). El SEO se industrializó tanto que las empresas empezaron a generar contenido para algoritmos, no para humanos. El resultado: una web gigantesca, pero con más basura que el fondo de un cubo de reciclaje.
Y para rematar la faena, llegó la IA generativa con sus "bodrios de IA" (AI slop). Contenido automatizado cuyo único objetivo es rellenar Internet. ¿Buscas "el mejor VPN 2025"? ¡Prepárate para decenas de artículos idénticos! ¿Pinterest? Lleno de imágenes de IA que parecen haber cobrado vida propia (y no de la buena). La paradoja es brutal: cuanto más contenido hay, más difícil es encontrar algo bueno. Es como buscar una aguja en un pajar... hecho de agujas.
Adiós a la Posesión: Bienvenidos al Alquiler Digital Permanente
¿Recuerdas cuando comprabas un libro y era TU libro? ¿O un videojuego, y era TU videojuego? Pues, ¡despierta! En el Internet moderno, la palabra "comprar" a menudo significa "adquirir una licencia revocable sujeta a mil condiciones que cambian cada dos por tres". Compras un juego en Steam y no es tuyo; es un permiso de uso que puede desaparecer si la plataforma quiere. Lo mismo con los ebooks de Kindle: Amazon puede borrarlos de tu dispositivo cuando le dé la gana. ¡Qué apropiación más moderna!
Ya no poseemos objetos culturales; poseemos permisos. Y ese permiso está ligado a una cuenta, a una plataforma, a una serie de términos de servicio que controlan qué puedes hacer, cuándo y cómo. Salir de una plataforma es como mudarte de casa y darte cuenta de que tus muebles, libros y hasta tus mascotas eran solo alquilados. ¡Adiós a la colección digital de tu vida!

Tú no eres el cliente, eres el producto (¡y hasta la materia prima!)
¿Te sonaba lo de "si no pagas, eres el producto"? Pues sorpresa: ¡incluso si pagas, sigues siendo el producto! Cada clic, cada "me gusta", cada segundo que pasas viendo un vídeo es un dato que alimenta un sistema. Estos datos no solo te muestran anuncios (que ya es mucho decir), sino que ajustan el comportamiento de millones de personas. Eres un engranaje en la gran máquina digital.
Y con la IA generativa, el ciclo se ha vuelto aún más loco. Internet se está llenando de contenido creado por máquinas que aprendieron de contenido humano, que a su vez servirá para entrenar a otras máquinas. Es un bucle infinito de retroalimentación de mediocridad. La web se hace más grande, sí, pero también más vacía. Algunos lo llaman la "teoría del Internet muerto" (en su versión metafórica, claro): mucha actividad, pero menos interacción humana genuina.
Así que la próxima vez que te encuentres deslizando sin parar, recuerda que no solo estás consumiendo, ¡estás siendo consumido! Y que Genbeta ha visto todo esto, desde los inicios inocentes hasta la era actual de algoritmos supremos y "enshittification" a tutiplén.
¿Qué te parecieron estos 20 años de Internet? ¿Tienes alguna anécdota de los viejos tiempos? ¡Queremos leerte! Y no olvides compartir este artículo con tus amigos para que ellos también se den cuenta de lo mucho que ha cambiado (o degenerado) la red. ¡Dale al botón de compartir y hagamos que este viral sea historia!



